Desde el horror a la creación

Claudia Roqueta

Resumen
Tomando como punto de partida el texto Freudiano sobre "Lo siniestro" intento promover una interrogación acerca de cuáles son las variables que en calidad de acontecimiento inédito, de algo nuevo, posibilitaran en el curso de un análisis, transferencia mediante, situar al sujeto en un lugar otro al que le es absolutamente familiar y en ese mismo punto irremediablemente siniestro.

Invirtiendo la afirmación freudiana pensar que debe agregarse "algo" a eso familiar para que desde la parálisis ante el desamparo el sujeto pueda crear, creándose a la vez un espacio diferente.

Palabras Claves: Siniestro - Narcisismo - Juego - Desmentida

Hace un tiempo, alentada por el trabajo de intercambio con algunos colegas a pensar el tema de lo nuevo en la experiencia del análisis, inmediatamente evoqué el texto freudiano sobre LO SINIESTRO.

Paradójica, resultaba mi elección si pensamos que en verdad en el texto se hace hincapié sobre todo en aquello que tiene que ver con lo antiguo y familiar: ¿qué de nuevo puede haber allí?.

No dejé de sorprenderme cuando en el reencuentro con el texto me di cuenta de que en realidad es la paradoja la que lo recorre, ya desde su comienzo mismo, Freud jugando con la ambigüedad del idioma alemán introduce como un modo paradigmático de emergencia del sentimiento de lo siniestro la irrupción de algo en extremo familiar que se vuelve absolutamente ajeno y extraño.

Sostiene también que lo novedoso puede volverse fácilmente terrorífico, que algo de lo novedoso es siniestro, pero afirma asimismo que no todo lo nuevo reviste ese carácter y que a lo nuevo debe agregársele algo para que lo vuelva absolutamente aterrador. Ese algo resulta ser aquello antiguo y familiar, pero también algo propio que es vivido como radicalmente ajeno.

Descubrí entonces que mi elección del texto no había sido caprichosa y que como tantas otras veces sucede, palabras o ideas escuchadas o leídas y luego olvidadas sirven de núcleo a una idea que se pretende original.

Entonces lo nuevo va siempre acompañado de algo conocido que devino ajeno, pero que al retornar, no sin sorpresa, puede dar lugar al trabajo.

Trabajo que permite el reposicionamiento subjetivo y con él la elaboración de aquello que de otro modo puede coagularnos en la angustia.

No sé si me propongo algo original pero sí al menos dar testimonio de un recorrido, que marcado por la clínica me ha llevado a confrontarme más de una vez con los límites del saber de la teoría y aún también de la consabida técnica.

El encuentro con pacientes que no encuadran dentro de las clásicas estructuras, los que hoy se incluyen dentro de los tan mentados bordes de la clínica y que hasta hace algunos años eran los no analizables, me llevó al encuentro de los textos de viejos analistas, que durante mucho tiempo no fueron leídos y que sin embargo hablan de estas "nuevas patologías", en muchos casos mostrándonos una refinada clínica como modo de abordarlas.

Tal vez entonces lo nuevo, no concierne tanto a la forma patológica sino a cómo nos posicionamos los analistas frente a ella.

Las maneras que encontramos no son muchas veces las más convencionales y en lo particular muchas veces me encontré pensando si no me estaba cayendo del Psicoanálisis. Allí lo nuevo resultaba angustiante, en tanto pérdida de los referentes.

Si seguimos la tradición freudiana de pensar al análisis como un juego de ajedrez y si por el significante Juego llegamos a los desarrollos de Winnicott respecto al mismo, tal vez se arme una idea que permita pensar la posición ética del analista como aquella que consiste en sostener la paradoja, para que el juego del significante y con él el lugar de la enunciación recaiga sobre el sujeto, abriendo curso al devenir de su deseo.

Son cada vez más frecuentes las veces que nos encontramos con pacientes que "no juegan el juego", si por esto entendemos la adecuación a la regla fundamental.

Entiendo que el jugar abre la posibilidad de hacer presente una ausencia y en ese mismo sentido es posibilitador de una palabra, que libere del sufrimiento.

Entonces se tratará de jugar, con ese supuesto adulto que se nos presenta con toda su indefensión y con un nivel tal de desorganización simbólica que la palabra no encuentra su lugar y a veces ese, es uno de los pocos recursos con los que contamos como para que algo de ésta se vehiculice.

En el Esquema de Psicoanálisis Freud nos proponía que la medida de influencia que el analista podía considerar legítima, estaba determinada por el grado de inhibición del desarrollo en que se halle el paciente, agregando que algunos neuróticos han permanecido tan infantiles que en análisis sólo pueden ser tratados como niños.

Me estoy refiriendo fundamentalmente a aquellos pacientes en que uno encuentra que su narcisismo no ha sido suficientemente transformado por el pasaje por la castración, y en los cuales esto se expresa bajo la forma de la omnipotencia, la falta de discriminación Yo - No yo, sentimientos de humillación y agravio, tendencias a la actuación, somatizaciones variadas, irrupciones automáticas de angustia en donde el sujeto queda paralizado, dislocación de las relaciones temporo-espaciales, y donde predominan mecanismos que no se circunscriben básicamente a la represión.

Me parece posible hacer entonces, una articulación entre estas modalidades clínicas y el siniestro retorno de lo igual, donde algo irrumpe desde adentro, al modo de procesos automáticos que escapan al control subjetivo.

Para ello quiero referirme a dos movimientos que se desprenden del texto y que creo que es necesario despejar.

Uno de ellos responde a una forma de presentificación de lo siniestro por la vía del retorno de lo reprimido, que fracaso de la represión mediante, hace salir a la luz "algo que debía permanecer oculto". Aquí el efecto siniestro, es el resultado del encuentro con un deseo reprimido, pero que al no ser reconocido como propio se torna ajeno, al como no los muestra Freud en el texto cuando comenta su retorno repetitivo al barrio de las "mujeres pintarrajeadas".

La otra vía no responde al camino del retorno de lo reprimido, sino más bien a lo que llamaría "retorno de lo desmentido".

En el texto se despliegan una serie de ejemplos que podría resumir en la figura del retorno de los muertos bajo la forma de presencias espectrales, de miembros seccionados pero que mantienen una función autónoma, de vivos que han sido enterrados y que remite a la fantasía de retorno al seno materno. Resumiendo: lo que debe darse por perdido retorna.

Si bien Freud estableció a la represión como la operatoria fundamental del clivaje entre los sistemas, es de advertirse que al finalizar su obra y dejando el escrito inconcluso, nos muestra que aún después de muchos años de trabajo, se encuentra en la posición de no saber si lo que va a decir es absolutamente nuevo y sorprendente o si es algo presente desde hace tiempo en su obra.

Así encabezaba el artículo que lleva por nombre La escisión del yo en el proceso de defensa, donde afirma que el neurótico revela que en las tempranas épocas infantiles se ha visto confrontado con el complejo de castración, a partir de la confluencia de la amenaza de castración con la visión de los genitales femeninos, y a partir allí con una disyuntiva: "...debe decidir si reconoce el peligro como real, se inclina ante él y renuncia a la satisfacción pulsional o desmiente la realidad objetiva y se instila la creencia de que no hay razón alguna para tener miedo, a fin de preservar así la satisfacción... Responde al conflicto con dos reacciones contrapuestas, ambas válidas y eficaces... (pero) El resultado se alcanzará sólo a expensas de una desgarradura en el yo que nunca se reparará... Las dos reacciones contrapuestas frente al conflicto subsistirán como el núcleo de una escisión del yo.

La novedad estriba en que ante la amenaza de castración, la respuesta no es la represión sino esta desgarradura irreparable del yo, producto de este mecanismo al que llama desmentida, a partir del cual el sujeto sostiene la creencia de que el otro no está atravesado por la castración preservándose así de quedar él también marcado por esta.

Ya en el Fetichismo había dado cuenta de este mecanismo que no atañe sólo a la perversión sino a una modalidad de estructuración del aparato y retrocediendo aún más, la escisión se anticipa ya en los viejos escritos sobre la histeria.

Vuelvo ahora a Lo Siniestro, donde encontramos que otra de las modalidades de emergencia de lo ominoso, es la representación del Doble: que constituye una formación oriunda de las épocas primordiales, e implica un retroceso a la fase en que el yo aún no se había deslindado del mundo exterior, ni del Otro y en su origen representaba una seguridad contra el sepultamiento del yo, una enérgica desmentida del poder de la muerte.

La desmentida resulta entonces, un mecanismo tendiente a defenderse del aniquilamiento.

Estas representaciones, nacidas sobre el terreno del narcisismo primario gobiernan la vida anímica de los niños (así como la de los primitivos) pero con la superación de esta etapa, la imagen del doble cambia de signo, de un seguro de la supervivencia se transforma en un ominoso anunciador de la muerte y no siendo del todo sepultada junto con el narcisismo original retorna bajo la figura terrorífica del Superyó cruel, resabio de la época primordial.

El Superyó resulta, así, no sólo y mucho menos diría, heredero del Complejo de Edipo, instancia reguladora, entronizadora de la Ley, sino y he aquí su aspecto fundamental y más ominoso, unos restos, unas huellas, de ese narcisismo primitivo, que desmiente la castración y la muerte y que retorna en su ferocidad, compulsivamente, reconduciendo al sujeto al estado de desvalimiento infantil.

El doble que entonces era el asegurador de la supervivencia, se convierte ahora en un terrorífico anunciador de la muerte.

El Superyó cultivo puro de la pulsión de muerte hundiendo sus raíces en el Ello, inconsciente estructural, se convierte en su abogado y opera en contra del principio de realidad, destruye los nexos entre representaciones, lo que dificulta el trabajo de simbolización y con ello la constitución de las formaciones de compromiso.

Cuando hablamos de esos cuadros que no podemos circunscribir dentro de las formas de las neurosis clásicas, decimos que no es sólo la represión la que organiza la estructura. Tal vez se trata de pensar entonces que es lo desmentido entonces lo que prevalece.

A lo reprimido de una representación le corresponde un síntoma como sustituto deformado del deseo reprimido, es decir una representación en el lugar de aquélla reprimida. Nos encontramos en el terreno de lo reprimido inconsciente y su retorno bajo la forma de síntoma.

En las manifestaciones clínicas a que me estoy refiriendo, no es precisamente el padecimiento por el síntoma al modo de la neurosis lo que motiva la consulta.

Nos encontramos con pacientes que padecen enfermedades orgánicas, que presentan un cuerpo que se colapsa sin existir ninguna enfermedad localizable en lo anatómico (como el tan mentado ataque de pánico), adicciones de las más variadas, actings a repetición que ponen en muchos casos en riesgo la vida. La angustia no vehiculiza a una interrogación sino que se presenta aniquiladora de la capacidad asociativa.

En fin, se presentan desvalidos, incapaces muchas veces de sostenerse por sí mismos, porque en verdad están ligados extremadamente a otros siempre idealizados, en tanto ellos por vuelta contra sí mismos se presentan como un desecho, quedando así, entrampados en una deuda que sólo parece posible pagarse por la vía del sacrificio.

Aunque resulte paradójico, cualquier intento de separación de estos objetos los hace sentir que caen en un abismo.

Ante esto la pregunta por la particular estructuración subjetiva me resulta más eficaz que la pregunta por la estructura.

Si bien la generalización no resulta un método estrictamente analítico quiero comentar algunas constantes que me permiten sostener provisionalmente algunas ideas respecto de estas peculiares estructuraciones subjetivas.

Tanto desde mi experiencia, como la que he recogido de la lectura de distintos autores que han abordado esta problemática clínica, encuentro que estas estructuraciones endebles en lo que se refiere a su anclaje simbólico, se han gestado en un vínculo primario que no ha sido "lo suficientemente bueno", al decir de Winnicott, para contrarrestar la angustia de desvalimiento.

Es el niño el que ha ocupado el lugar de un objeto consolador de las faltas parentales.

El "His Majesty the baby" mantiene su permanencia, con el costo para el sujeto de la imposibilidad de crearse un espacio propio en el cual apoyarse al estar solo sin caer en la angustia de desamparo.

Prepondera el aspecto más narcisístico de los padres y en ese punto el niño opera como un objeto fetiche, que viene a sostener la desmentida de la castración de los mismos.

Muchas veces, vienen a ocupar el lugar de un muerto, donde habiéndose desmentido esa pérdida, él se constituye en el lugar de sustituto, que obtura ese otro lugar que no puede ser dejado vacante. La madre atravesada por un duelo interminable aparece como sostiene André Green "muerta en la presencia y ausente en la vida", siendo entonces el hijo el encargado de velar por ella, sosteniéndola, para sostenerse.

La trampa está tendida y el sujeto se sostiene de ella, en tanto aunque terrorífica, le permite mantenerse excento de responsabilidad y libre de ser también un mortal.

Si el trabajo de duelo es inherente a la tarea del análisis ¿cómo posibilitar este trabajo ahí donde parece imposible realizarlo?

Si la desmentida es lo que prepondera, la tarea del análisis ¿consistirá en reconducir al sujeto al reconocimiento de la realidad?. ¿Cómo hacer entrar esos restos, esas huellas no tramitadas al terreno de lo significable, atribuible, representable? ¿Cómo facilitar que se constituya una pregunta, que abra una brecha en un saber que parece compacto y que somete al padecer de un más allá demoníaco?

Cuáles pueden ser las variables que en calidad de acontecimiento inédito, de algo nuevo, posibiliten en el curso de un análisis, situar al sujeto en un lugar otro al que le es absolutamente familiar y ajeno y en este punto irremediablemente siniestro.

La apelación a la contratransferencia es ineludible, en tanto muchas veces somos nosotros, los analistas los que operamos desde nuestra angustia como la señal de angustia de la cual el sujeto adolece, poniéndole tope así a una situación que de lo contrario podría conducirlo a una salida por la vía del acting o aún del pasaje al acto.

La transferencia adquiere los matices de una repetición descarnada, en tanto que el déficit en la simbolización dificulta la ficcionalización del vínculo con el analista. El juego del "como sí" está inhibido, en tanto que la construcción del espacio transicional es precaria pues el otro, llamado a sostenerlo ha fracasado en su función de sostén.

Muchas veces un gesto de comprensión de los estados afectivos, darles un nombre, ofertar una sonrisa, puede operar como algo nuevo para el paciente en tanto puede constituir un encuentro con y un reconocimiento en, un semejante.

En determinados momentos se hace necesario ocupar el lugar de objeto auxiliar o modelo al modo de un puente, de la construcción de un espacio transicional, que pueda ir permitiendo al sujeto la separación del objeto al cual se hallan letalmente adheridos.

Allí donde la estructura simbólica es precaria es el analista el que puede otorgar las condiciones mínimas que favorezcan la posibilidad de cierta simbolización, como modo de recuperar lo existente y producir lo que nunca estuvo.

El trabajo de construcción, pensada como una forma preliminar, permite establecer un marco, un tejido de palabras como un modo de armar una historia donde los nexos temporales parecen disueltos, rompiendo la continuidad subjetiva y perpetuando el trauma, en tanto que él mismo aparece desentramado de la historia, en el sentido de lo no simbolizado.

La construcción de este marco, entiendo, permite la apertura de un espacio para que algo de lo propio encuentre un lugar y pudiendo así vehiculizarse algo del propio deseo y el sujeto pueda entonces hacerse responsable de su propio destino y el camino de la libertad quede abierto.

Para terminar, entiendo, el espacio del análisis como una vía posible para abrir el camino a la creación de algo nuevo y en esto estamos comprometidos los analistas

Claudia Roqueta
Octubre 2001
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Bibliografia
Anzieu, Didier - El Cuerpo de la obra. Ed.Siglo XXI
Balint, Michael - La falta básica. Ed. Paidós
Bleichmar, Hugo - Avances en psicoterapia psicoanalítica. Ed.Paidós
Freud, Sigmund - Introducción del Narcisismo. Ed. Amorrortu, Historia de una Neurosis Demoníaca. Ed. Amorrortu, Lo Siniestro. Ed. Amorrrortu, Inhibición, síntoma y angustia. Ed. Amorrortu, Más allá del Principio del Placer. Ed. Amorrortu, El yo y el Ello. Ed. Amorrortu, El problema económico del masoquismo. Ed. Amorrortu, El Fetichismo. Ed. Amorrortu, La organización genital infantil. Ed. Amorrortu, La escisión del yo en el proceso de defensa. Ed. Amorrortu, El esquema del Psicoanálisis. Ed. Amorrortu
Gerez A, Marta - Las voces del Superyó. Ed. Lugar
Guzzetti, C y otros - El sujeto en la cínica freudiana. Ed.R.Vergara
Green, André - Narcisismo de vida, narcisismo de muerte. Ed. Amorrortu
Horstein, Luis - El Narcisismo. Ed. Paidós
Korman, Víctor - El oficio de analista. Ed.Paidós
Lemerer, Brigitte - Los dos Moisés de Freud. Edic. del Serbal
Le Poulichet, S - El arte de vivir en peligro. Ed. Nueva Visión, La obra del tiempo en Psicoanálisis. Ed.Amorrortu
Ravant, Claude - Inventar lo real. Ed. Nueva Visión
Winnicott, Donald - Realidad y Juego. Ed.Gedisa