La vida erotica de los grandes creadores (*)

Dr. Júlio Campos

Resumen
Ese trabajo tiene como objetivo presentar las conclusiones de nuestra investigación sobre la vida erótica de algunos de los grandes creadores de la humanidad. Dicho erotismo, para ellos, está conectado, primariamente, al proceso creativo en si mismo. Proponemos el termino placer de tramitación para el erotismo del trabajo cotidiano y el termino orgasmo epistemológico para el placer final, cuando la obra se completa.

Es importante señalar que abservamos una gran similitud entre las sensaciones descriptas por los artistas en su trabajo con los conceptos de Freud acerca de lo "siniestro" (Das Unheimlich) y de Teodor Reik acerca de la "sorpresa".

PALABRAS-CHAVE - Proceso Creativo - Erotismo - Imortalidad - Sinergia

Las ideas que presentamos son algunos de los resultados de la investigación que hemos realizado sistemáticamente, con un grupo de seis colegas (**), en los últimos cuatro años. Tratamos de descubrir los caminos recorridos por algunos de los grandes creadores de la humanidad. Como dijo Freud, en referencia a Salvador Dalí, algunas personas tienen una riqueza que capta nuestra atención y estimula la curiosidad. Además, son poseedoras (porque no decir son poseídas) de una extraña fuerza que las impulsa a escrutar la vida con un estilo seguramente distinto al de la mayoría de los circundantes. Estudiarlas es por cierto un placer. Entenderlas, o incluso aprender con ellas, puede transformarse en un refinado privilegio.

Nuestra intención es ampliar algunas ideas sobre aspectos del desarrollo evolutivo y también sobre la vida erótica de los artistas. No consideraremos las cuestiones de psicopatología, pues creemos que éste es un punto que los grandes creadores tienen en común con todas las demás personas. Também porque suponemos que las partes creativas de la personalidad pueden ser activadas con relativa independencia de otras partes neuróticas o psicóticas. Winnicott nos introduce al tema: ... el artista tiene la habilidad y el coraje de estar en contacto con los procesos primitivos a los cuales el neurótico no soporta llegar y las personas sanas pueden dejar pasar para su propio empobrecimiento personal". Vincula esos procesos básicos a ser enfrentados y absorbidos con la consciencia de la muerte y las cuestiones sobre la escena primaria, capacidades que se desarrollan a partir de la posibilidad de estar solo y de traer hacia el auto-erotismo la excitación causada por la idea de los padres en coito. Una escena primaria creativa, podríamos decir.

Ese estilo, cuya consecuencia es la gran profundidad y fuerza del creador, se reveló en los casos estudiados como el producto de una serie de atributos positivos de carácter, donde deberíamos destacar el ritmo y la apasionada intensidad con que se lanzan hacia lo que se constituye como fundamental en sus vidas. Algunos ejemplos de los muchos que es posible citar. Chesterton dice: "Si miras algo 999 veces estás perfectamente a salvo; si la miras por milésima vez, corres el terrible riesgo de verla por primera vez". Se cuenta que Picasso fue contratato por Gertrude Stein, para hacerle un retrato. Trabajaron durante 80 sesiones. Al final, todavía faltaba el rostro. Ese detalle sólo fue terminado, con una increíble rapidez, meses después, estando ausente la modelo. Algunos amigos de la retratada, quedaron insatisfechos y colocaron el resultado en tela de juicio. Picasso, con su habitual seguridad, habría respondido: "Ella no se parece al cuadro, pero se parecerá". Y así fue. Diez años después Gertrude Stein era igual al retrato. De él se decía que "... tenía la capacidad de pintar más real que la realidad". Otro ejemplo sería el comentario sobre el poeta George Oppen: "... tiene un gran ojo, preciso e irreductible. Si usted nunca vio lo que él ve, es porque no se sentó quieto durante tiempo suficiente y no miró tan firmemente como él".

(*) Trabajo para o panel "Sexuality, Sublimation and Psychic Activity", Congreso Internacional IPA, Barcelona - julio de 1997.

(*) Adriana Teixeira, Denise Souza, Ivete Rian, Magda Barbieri Walz, Maria da Graça Motta, Maurício Marx e Silva.

Ese método de dejarse empapar por las circunstancias del objeto hasta captar su esencia y después reconstruirla dentro de sí, usado desde siempre por los artistas, fue adaptado por Freud para la ciencia, a principios del siglo, revolucionando los medios de investigación. Como todos saben, nuestro ilustre colega ponderaba que sólo a través de una atención parejamente flotante, con una abstención tan absoluta cuanto posible de críticas y preconceptos de toda especie, y sin prestar atención a nada en particular del discurso o apariencia del paciente, el analista llegaría a captar su realidad. Su método estaba inspirado en un procedimiento elaborado por un médico, senador y experto en arte italiano llamado Giovanni Morelli, que lo desarrollo para corregir errores de autenticidad de obras de pintores y escultores clásicos. Una fórmula filosóficamente semejante a la que Arthur Conan Doyle brindaba a nuestro querido Sherlock Holmes. En el artículo de 1919, "Das Unheimlich", Freud nos ofrece una demostración práctica de su procedimiento. Su intención es comprobar que algunos escritores geniales tienen la capacidad de llevar al lector de manera sutil, pero inexorable, hacia un final esperado-inesperado, lleno de contenidos profundos y reveladores. Dice que, al final de la novela, cuando el objetivo del artista es alcanzado, el lector tiene una sensación de 'Unheimlich' (que en alemán significa extraño, extraordinario, siniestro y, al mismo tiempo, algo muy familiar). Theodor Reik, que ayudó a Freud en la investigación bibliográfica que fundamenta esta obra, fue el responsable por los desarrollos posteriores del concepto, cuando, en la década del treinta, escribió su artículo sobre la 'sorpresa'. Bajo la denominación de 'siniestro' y de 'sorpresa', tratan de describir la sensación que se tiene en el encuentro con el inconsciente. La sensación que se tiene al culminar el acto creativo, agregaríamos nosotros, pues creemos que aunque Freud y Reik no consideraban esta posibilidad, estaban produciendo una teoría general sobre la creatividad. Estaban tan ocupados en generar interpretaciones correctas y profundas que no se detuvieron a pensar en dónde y cómo se generan las interpretaciones correctas y profundas.

Una reflexión que nos parece apropiada en ese punto se refiere al porqué, o sea, cuales son las razones que llevarían a una persona a dejarse empapar por las vivencias de la otra, cuando sabemos que penetrar profundamente en cualquier cosa es estar sujeto a fuertes emociones que producen, inevitablemente, una gran dosis de angustia. ¿Por qué pintaría Picasso un retrato con tanto esmero? ¿Por qué un escritor miraría 1000 veces la misma cosa? ¿O por qué un poeta fijaría su mirada sobre un mismo objeto? Y nosotros ¿por qué somos psicoanalistas? ¿Qué nos lleva a quedar horas y horas escuchando a una persona, si a la mayoría de las personas sanas no les gusta escuchar desgracias? La respuesta a estas preguntas nos coloca en el núcleo del tema del erotismo, ya que creemos que, tanto los artistas como los buenos psicoanalistas son movidos por el intenso placer que produce la actividad sublimatoria. Es un placer tan intenso que es capaz de hacer que Conan Doyle desate Sherlock Holmes de los brazos de la cocaína. Un inmenso placer de entender, aclarar, apresar la realidad. Es seguramente el placer que lleva Chesterton a mirar 999 veces, Picasso a necesitar 80 encuentros para hacer un retrato o el psicoanalista 200 sesiones anuales de un tratamiento. La denominación de ese placer que nos pareció más adecuada sería placer de tramitación (*). O sea, la búsqueda de medios apropiados para conseguir un fin, en que los proprios medios ya constituyan un placer por sí mismos.

Hay también un segundo tipo de erotismo involucrado en el acto sublimatorio. Está vinculado a la milésima vez que se dirige la mirada en una dirección, la culminación de un cuadro o al momento en que nos deparamos con lo siniestro y con la sorpresa. Ese placer nos parece más identificable, más conocido y verdaderamente intenso. Y por su semejanza con el acto sexual, donde justamente los placeres de tramitación ocupan el lugar de los preliminares del coito, nos parece correcto llamarlo orgasmo epistemológico. Y en algunos casos son actividades que se pueden transformar en los únicos placeres fuertes de la vida. Como dijo Freud, refieriéndose a Leonardo da Vinci, o tal vez a sí mismo: "En este caso la investigación se transforma en una actividad sexual, muchas veces la única, y el sentimiento que proviene de la intelectualización y explicación de las cosas sustituye la satisfacción sexual".

Con el transcurso de los años, otros esfuerzos se sumaron a la tentativa de Freud de explicar el gran desarrollo de las habilidades perceptivas de algunas personas. Uno de ellos fue el propio Reik, cuando examina las aptitudes necesarias para llegar a ser un buen analista y las vincula con una constitución del self sólidamente estructurado, cuyas bases serían las relaciones con objetos primarias satisfactorias, principalmente con la madre de la primera infancia. Con alguna semejanza al concepto de "segunda visión" de Madeleine y Willy Ballanger, Reik denomina "tercer oído" a la capacidad del analista de entender lo que es dicho "entre las palabras y en los silencios". Es un pensamiento semejante al de Winnicott cuando menciona la importancia del holding, de los juegos de los niños y del establecimiento del espacio transicional para lograr una feliz constitución del self. O de Bion, con el concepto de "función psicoanalítica de la personalidad" cuya base está en una relación materno-filial en la cual el reverie es la tónica, permitiendo al niño grandes alcances en su capacidad de pensar.

Sin embargo, en nuestra opinión, le cupo a Henrique Honigsztein la felicidad de concebir la teoría que tiene el mayor grado de profundidad y elaboración. Honigsztein dice que "... el 'holding' que posibilita al creador no es el 'good enough' de Winnicott, que lleva a un desarrollo emocional dentro de la normalidad. Sería un 'holding' en el que habría un exceso de libido presente en una madre que, desprendiéndose en gran parte de lo que estuviera a su alrededor, se donara a su bebé y éste le respondiera con una carga semejante. A cada movimiento de angustia el bebé encontraría una madre continente.... En el creador esas angustias serían contenidas y las experiencias dolorosas retardadas". Ese conjunto de experiencias favorables fue denominado por Honigsztein de núcleo rítmico. Son ideas semejantes a las de Piera Aulagnier, cuando considera que los "puntos de anclaje" sean los nódulos en que se apoyan las cualidades de los seres humanos, al igual que sobre los puntos de fijación de las series complementares se apoyan los síntomas.

Nuestra investigación en las biografías de los grandes creadores, al igual que nuestras observaciones cotidianas en los consultorios, nos llevaron a la convicción

( * ) Termino sujerido por David Maldavsky.

de la existencia de ese indestructible lazo entre la madre y ese hijo. Hay varias indicaciones que nos condujeron a pensar que las personas muy creativas fueron hijos intensa o aun desesperadamente deseados por madres que se sintieron especialmente plenas y satisfechas en tenerlos. Nuestro único desacuerdo con los autores citados se refiere a que establecen la fundación del núcleo rítmico con posterioridad al nacimiento. A menudo constatamos, en nuestra investigación, que los grandes creadores tuvieron un profundo vínculo que ya se distingue en el período fetal, y en algunos casos, aun mismo con anterioridad a la concepción. Creemos que sea un concepto semejante al de Christophes Bollas cuando nos habla del "momento estético", concibido por él como "una extraña fusión psicosomática anterior al establecimiento del self".

Son varias las consecuencias de la presencia del núcleo rítmico así fundado, principalmente en lo que se refiere a la permeabilidad con el mundo interno y con la propia historia. La expresión sinergismo con el inconsciente es la más adecuada para trasmitir la idea. Principalmente porque ese sinergismo, provieniente de la estrecha y profunda relación con la madre, causa una impresión indeleble en el entorno que esa persona transita y permite que ella ejerza un extraordinario efecto de fascinación sobre los demás. Es como un imán, principalmente en los momentos de mayor creatividad. Se podría decir que los otros lo quieren con la misma intensidad que la madre lo deseó. Constatamos ese fenómeno en todos los casos estudiados. Un ejemplo típico podría ser el de Dalí, cuando recién llegaba a París. Era muy joven, completamente desconocido, con pocas obras bajo el brazo, pero consiguió ser acogido, mantenido y mimado por los más eminentes intelectuales de la época. Como si no fuera suficiente, Gala, la musa inspiradora del movimiento surrealista, que comandaba la vanguardia del mundo pensante, y mujer del más importante de ellos, Paul Elouard, deja marido e hija para seguirlo, sabe Dios porqué, ya que no tenía ni casa ni comida. Y parece no haber sido una atracción física irrefrenable, lo que podría explicar mucha cosa, pues para Dalí esa parte de la vida no ejercía gran atractivo. Era algo distinto que atraía a Gala. Para Dalí, habituado desde pequeño a ser acariciado, aplaudido y tratado como genio por sus familiares, no le fue difícil absorber esta situación. Al contrario. Cuando el entorno no fue propicio, con protagonistas de otra índole ocupando el escenario, los nazistas, se transplantó para los Estados Unidos, un lugar donde su producción y extravagancias serían apreciadas con el debido respeto.

Así podemos concluir que las dos vías para la satisfacción sexual, la directa y la sublimada, tienen desarrollos, características, placeres preliminares y orgasmos finales que obedecen cierta paridad. Sin embargo, dos sorpresas aún nos esperaban. En primer lugar, constatamos que es posible encontrar otra semejanza entre esos dos caminos: son también los dos modos existentes para alcanzar la inmortalidad. El sexual, la vía común, es bastante conocida en su función de procriar, de concebir hijos de carne, hueso e ideas, los que permitirán que nuestra existencia sea perpetuada, muchas veces ad infinitum. Entretanto, existe la vía indirecta, mucho más moderna en el sentido filogenético, de ser inmortal: la creación de obras universales, la creación de los hijos del espíritu, donde están plasmadas las vivencias y los sentimientos prototípicos de la humanidad. En otras palabras, el orgasmo sexual busca la inmortalidad del cuerpo, mientras que el orgasmo epistemológico busca la inmortalidad del alma. La segunda sorpresa fue el descubrir que una importante parte de los grandes creadores de todos los tiempo, por lo menos de los estudiamos por nosotros , escogieron el segundo camino, con exclusión del primero. O sea, se dedicaron a producir obras inmortales, pero no hijos.

Así, tal vez nuestro cercano y querido Sigmund Freud sea más que un ejemplo, pues tuvo el privilegio de caminar por los dos caminos: varios hijos y muchas obras. Además, recibió de las manos de los hombres, por sus placeres de tramitación, el mayor premio de Alemania para literatos y fue agraciado por los dioses, por su capacidad de soportar profundos orgasmos epistemológicos, con la inmortalidad. Hubo en esa feliz circunstancia, lo que él mismo indicó en el "El Malestar en la Cultura": "El destino, entonces, no puede mucho contra usted".

jcampos@vanet.com.br
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