¿Qué vas a hacer cuando seas grande?

M.Cristina Lacovara

Resumen:
Este texto fue producido en el el marco del espacio de trabajo de Reuniones de la Biblioteca, Red de investigación en Psicoanálisis, durante el año 2001, en relación al tema: "Identidad y Lazo Social " Partiendo de este eje, y tomando como disparador esta conocida frase: ¿qué vas a hacer cuando seas grande?, he intentado indagar la relación de un sujeto con su quehacer, poniendo énfasis en el nexo que el trabajo en sí mismo constituye entre estos dos términos: identidad y lazo social. "Ninguna otra técnica de conducción de la vida liga al individuo a la realidad como la insistencia en el trabajo, que al menos lo inserta en forma segura en un fragmento de la realidad, a saber, la comunidad humana". Freud, Malestar en la Cultura.

Palabras clave: Identidad - Trabajo - Lazo Social

"Qué vas a hacer cuando seas grande?
Identidad - Trabajo - Lazo Social
.... pero hagamos un trato
nada definitivo
yo quisiera contar
con usted es tan lindo
saber que usted existe
uno se siente vivo

quiero decir contar
hasta dos hasta cinco
no ya para que acuda
presurosa en mi auxilio

si no para saber
y así quedar tranquilo
que usted sabe que puede
contar conmigo

Hay algo mágico en la capacidad que tiene el poeta de jugar con ese mas allá de las palabras. Es por eso que me valí de este recurso como introducción de este trabajo que es el resultado de algunas conclusiones propias en el marco de una tarea compartida con otros a lo largo del año.

Identidad - Trabajo - Lazo Social. Es a partir de la relación con el otro y por la vía del trabajo que el ser humano se constituye como tal y aprende a reconocerse a si mismo allí donde esta ligado al otro.

Dialéctica alienación - Separación que pone en marcha la constitución subjetiva, y que si bien se plantea como un momento evolutivo sabemos perfectamente que es un proceso inacabado que se pone en juego cada vez en la relación de un sujeto con su más allá, es decir con las tres fuentes del Malestar.

La identidad, ese sentimiento de sí que le permite a un sujeto reconocerse a si mismo a lo largo de su vida, y aquello que lo distingue como único en relación a sus semejantes, también es un proceso inacabado que va conformándose en esa misma dialéctica que lo constituye como sujeto. Pero también es una función, un operador lógico que posibilita la continuidad del proceso y en ese devenir se va delineando una forma particular y única de estar en el mundo.

" Porque la pluralidad humana es la paradójica pluralidad de los seres únicos - nos dice H. Arendt - La pluralidad humana tiene el doble carácter de igualdad y distinción. Si lo seres humanos no fueran iguales no podrían entenderse. Si los hombres no fueran distintos, es decir cada ser humano diferenciado de cualquier otro que exista, haya existido o existirá, no necesitarían el discurso para entenderse "

" Hagamos un trato ", ese es el titulo del poema. Este acuerdo tácito es lo que subyace siempre a esa ligazón intangible que es el vínculo entre los seres humanos, tanto en lo más íntimo de la experiencia subjetiva, como en la mayoría de las actividades que sostienen las comunidades humanas. Porque esta expresión lleva implícita la cuota de ilusión necesaria para construir "espacios" en los cuales los individuos se relacionan entre sí a partir de un interés común.

Esto es lo nodal de la experiencia humana que se pone en movimiento con la vivencia inaugural del recién nacido en el vínculo con su madre, vínculo de fusión originaria que le permite al bebé disfrutar del placer proveniente de sentirse uno con el otro, en este caso, la madre. Creación conjunta que se podría enunciar: "dale que somos uno".

Poco a poco , las primeras sensaciones de displacer van introduciendo una diferencia. La tensión placer-displacer hace que sea necesario poner lo dislacentero afuera. Primeras demarcaciones del psiquismo que hacen surgir los esbozos de una realidad aún incipiente, en la que empieza a delimitarse el yo- no yo, y en la que comienza también a "distinguirse" una madre que ya no está allí todo el tiempo.

Dialéctica presencia - ausencia que propicia la construcción de un espacio y un tiempo en la relación con el otro. Es así como ese "aprendiz de sujeto" se encuentra de pronto frente a la necesidad de hacer algo con ese malestar, incrementado por el hecho de que a pesar de ese esfuerzo por recuperar el paraíso perdido de la satisfacción lo que encuentra en el objeto nunca es lo esperado.

Esa diferencia, ese resto causa el trabajo psíquico en su carácter de acción transformadora de la "realidad" . Trabajo orientado por el Principio del placer en sus rodeos por hallar "el objeto perdido". Es en esas sucesivas experiencias de ilusión - desilusión que se va instituyendo el Principio de realidad como correlato dialéctico del Principio del placer y la tensión entre ambos sienta las bases que propician la construcción del sujeto y su entorno.

Este entorno conformado a partir de las primeras experiencias lúdicas, es aún un espacio transicional donde el pequeño sujeto despliega su capacidad transformadora a través del juego, como práctica significante por excelencia, siempre y cuando en ese jugar pueda "contar con el otro". Es también en una zona intermedia, continuidad de ese espacio transicional, que se desarrolla todo el espectro de la dinámica social que caracteriza el mundo de lo humano. Es allí donde se sitúa la experiencia cultural.

Es así como la civilización humana se ha edificado, al igual que el pequeño sujeto, como un intento de contrarrestar el Malestar original en sus tres formas: la naturaleza, lo pulsional y la relación con los semejantes. La historia de la humanidad nos muestra que el hombre, en su esfuerzo por alcanzar este dominio, fue aprendiendo progresivamente a renunciar a la satisfacción inmediata de sus necesidades a cambio de un poco de seguridad y a reunirse con otros para lograr mejor eficacia en su objetivo. Es así como los hombres fueron agrupándose en torno de una labor o de una tarea en común.

Trabajo y Lazo social , los dos pilares que sostienen la cultura, que le permitieron al ser humano efectuar una acción transformadora sobre la realidad. Esto ubica al trabajo como factor clave en la experiencia humana, principio básico de la organización del espacio y tiempo antropológicos. Soporte social, jurídico, político y cultural que le ha conferido ese carácter de universalidad y destino incuestionable.

Ahora bien, a lo largo de la historia se han producido transformaciones del sentido y la función que ha desempeñado el trabajo en cada tiempo y espacio socio - cultural, como por ejemplo el desplazamiento progresivo desde su connotación negativa asociada al castigo y a lo indigno hasta la concepción actual del trabajo producto de la moderna maquinaria económica puesta en marcha con la revolución industrial. Es así como el trabajo se convirtió gradualmente en la vía de realización personal por excelencia, proveedor de bienes materiales y sus efectos concomitantes: prestigio, status, poder y valoración social.

Con la era de la globalización, que ha trastocado tanto el ámbito económico como toda la estructura social en su conjunto, se ha producido una nueva y sutil transformación: el trabajo pasó a ser un lujo para privilegiados con empleo. Efecto de la economía globalizada y la creciente tecnologización el mundo del trabajo tal como lo conocemos está en vías de extinción, como afirman los expertos en la materia, y como consecuencia de este fenómeno "los trabajadores" , eslabón indispensable de la cadena productiva comienzan a resultar prescindibles.

Sabemos perfectamente cuáles son los efectos de estos cambios , tanto en lo subjetivo como en la dinámica social; sentimientos de desamparo, inseguridad, impotencia y vergüenza. "Nadie había imaginado que la liberación de la carga del trabajo significaría una catástrofe" , nos dice V.Forrester en el Horror Económico. Esta vivencia de catástrofe inminente proviene de la imposibilidad de realizar el duelo por las condiciones que organizaron la vida de los seres humanos durante tanto tiempo y que conformaban su entorno conocido, y su marco de referencia. ( empleo, horarios, salario, vacaciones, jubilación , etc. )

Qué hacer frente a esta perspectiva tan desalentadora? Existe una alternativa, que es recuperar el derecho de comprender la situación clarificando aquello que con la negación y el engaño se pretende encubrir: que nos encontramos frente a una situación diferente que necesitamos conocer para saber con qué recursos contamos para enfrentar estas nuevas modalidades del malestar en la cultura. Como siempre, para que algo nuevo se produzca es imprescindible realizar el duelo por lo que se perdió o por lo que ya no es.

Nuevamente el trabajo psíquico , en este caso el duelo, que dará lugar, a partir de la aceptación de la pérdida de un valor: el trabajo, objeto cada vez más difícil de hallar, a su transformación en nuevas formas de "trabajar" que incluyan otros modos de realización subjetiva. (Por ejemplo, la revalorización del tiempo libre)

La relación de un sujeto con su ocupación, se va articulando en los avatares de la constitución subjetiva, originando un abanico de matices diferentes, que van desde la posibilidad de hacer una elección y un proyecto laboral sostenido en un deseo propio, a las distintas formas de asunción de una identidad fijada en ser "eso que se hace", en la que queda aplastada habitualmente la dimensión deseante de ese sujeto. Como así también toda la gama de errancias y fracasos en la construcción de un "quehacer", con cuyas vicisitudes nos encontramos frecuentemente en nuestra clínica.

Para que esta construcción pueda desarrollarse efectivamente en la línea de una realización subjetiva, es necesario que ésta se instituya como potencialidad, es decir que el "trabajar" se conforme como categoría simbólica heredero del jugar infantil, y para que esto suceda es imprescindible que el deseo migre sucesivamente de un "espacio" al otro, es decir, que se traslade del campo del jugar infantil al terreno del trabajar adulto. En otras palabras, que cualquier actividad que una persona realice conserve esta esencia del jugar: su relación con el deseo y su potencial transformador.

Pero este pasaje no es sencillo, como tampoco lo es la construcción del jugar para el niño. Sabemos muy bien que el hecho de que un niño esté efectuando una actividad aparentemente lúdica no significa que esté jugando. Porque jugar es producir significantes que lo representen al tiempo que es producido por el acto de jugar. Es desde esta perspectiva que el jugar como práctica simbólica propicia la demarcación significante de la "realidad"

Si un niño ha podido jugar, podrá tener una actitud placentera hacia el aprendizaje, y así progresivamente podrá ir acercándose a la posibilidad de trabajar como consecuencia lógica de este devenir. Pero para que este pasaje se produzca es necesario que se den ciertas condiciones que posibiliten la transformación de una actividad en otra. Este complejo proceso que se va transitando a lo largo de la adolescencia, implica una serie de operaciones simbólicas que dan lugar a una reestructuración de su "mundo", produciendo nuevos significantes que lo representen.

Por lo tanto, creo que lo más importante en este acontecer que va conformando ese niño que fue en el adulto que irá siendo, es que esa posibilidad de crecer esté propiciada una vez más, por la relación con el otro; que haya un afuera que lo reciba y un adentro que le permita partir, y que en ese ir y venir continúe construyendo su identidad. Cuando uno le dice a un niño "¿qué te gustaría hacer cuando seas grande?" le está ofreciendo la posibilidad de serlo, pero no de cualquier manera, sino a partir de un deseo propio.